11/25/2005

BRINDIS CON ALBARICOQUE



Ahora sé que sabe exactamente así.

He hablado muchas veces de Goran Petrovic, le he dedicado un par de humildes palabras para poder describir la maravillosa experiencia que ha sido leerlo.

Ayer por fin brindamos con albaricoque, por fin hubo movimientos de pestañas y nos elevamos hasta la constelación infinita. Sí, mis queridos lectores, ayer fue a la presentación del libro La mano de la buena fortuna, de Petrovic en el Museo Nacional de Antropología e Historia.

Llegamos René y yo a las siete de la noche al museo, la calma imperaba en sus alrededores, en la puerta del museo postrados cual buitres los policías no daban ninguna información de la presentación del libro, lo único que decían era que no se les había informado de ninguna presentación y que no nos dejaban pasar. René dibujo en su rostro una imagen de desolación, era el gran momento, tener la oportunidad de poder conocer a Petrovic y un par de polis rompían nuestra ilusión. Con una paciencia irreconocible traté de enterarme qué onda con la presentación y todo el guateque. Al paso de los minutos la gente se hizo presente y resultó que era un hecho que Petrovic presentaría su libro esa noche y en ese lugar.

Entramos al museo, una sensación extraña, pero especial se apoderó de mí. Me sentí como cuando vas a un concierto de tu artista favorito y por fin ha llegado el día. Ahora he cambiado el rock por los escritores y me siento muy complacida por ello.

En la sala donde se llevó acabo la presentación nos esperaba Jorge y su amigo Rubén, nos colocamos en un muy buen lugar, los minutos pasaban y la sala seguía casi vacía; más, más minutos y nada. En el inter llegó mi amigo BEF y posteriormente Alberto Chimal, platicamos un rato y Petrovic no llegaba.
René decidió salir de la sala y no tardo ni dos minutos cuando lo vi entrar con una carita pueril y completamente azucarada y me dijo –“Allá afuera está Petrovic”- Mi corazón dio brinquitos por todo mi cuerpo y me dirigí afuera. Ahí estaba, sentado en una banquita firmando libros, mucha gente lo rodeaba, entre ellos una gran comunidad serbia que hablaban una lengua ajena y extraña, pero que en ese momento se hizo cómplice en el contexto.


René consiguió que Petrovic nos firmara el libro, fue una experiencia muy particular, la traductora nos auxilió con la dedicatoria del libro, ya que Petrovic la escribió en cirílico. A mi por supuesto me firmó el Atlas descrito por el cielo, la dedicatoria decía algo así como: “Para Avril, estas letras con imágenes lentas de otro mundo” Estoy que no quepo en mí, me firmó mi querido Atlas…

Posteriormente comenzó la presentación del libro, en la mesa estaban, Alberto Ruy Sánchez y Dubravka Suznjevic (su traductora al español), además del director de la editorial Sexto Piso y un colaborador de la misma, lamentablemente Álvaro Enrigue no pudo asistir. Alberto se dedicó a contar la novela de Goran y a hacer contracampaña en el mundo editorial, sin pena ni gloria. En definitiva lo más interesante fue escuchar a Goran, claro, con ayuda de Dubravka. Petrovic les juro daba miedo, un hombre altísimo, fuertísimo, con una expresión maldita, pero dentro de esa imagen sólo puede existir un gran genio. De las cosas que nos platicó hubo una que se me quedó muy grabada, fue como leerlo, como abrir el Atlas descrito por el cielo o La Mano de la Buena Fortuna y tomar un párrafo de esos textos, dijo ‘que todo mundo hablaba de los libros, pero que nadie se fijaba en un pequeño detalle que estaba en su libro que tenía bien colocado en reposo en la mesa, el separados del libro, ese que te permite saber donde vas en la lectura o hasta donde haz llegado en la lectura, y que él creía que los libros, los buenos libros son un separador en la civilización, nos permite ver hasta donde ha llegado la civilización.’ Creo que son de las cosas más inteligentes y hermosas que he escuchado en mi vida. Se juntaron los columpios, el dedo índice señalando la última estrella, los diamantes de durazno, los pañuelos delicados en un estación, el brindis con albaricoque.


La velada literaria, como el mismo Goran la denominó, terminó con un pequeño cóctel y un sabor de boca “como un beso simple como el pan dulce espolvoreado de azúcar.”
* * *


Ayer, fuera de toda la serie de problemas que he tenido últimamente me sentí feliz, con una sensación que René describe a sentirse igual como cuando tienes un juguete nuevo.


Lirva
creado a las 12:16 p. m.  | |

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Robertha Mayer
Mi vieja ciudad

Soy hipocondriaca, soberbia, adicta a los lacteos, gemela de mi otra hermana, mi tipo de sangre lo desconozco, el teléfono me lo ahorraré, mal-vivo en una ciudad desolada, soy disque universitaria, no me defino como poeta maldita, sólo escribo frases cortas.


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